Las palabras, que manchan papeles llenos de vida, matan las piedras que rompen el agua en mil palabras, para oídos que no escuchan los susurros de las gotas.
Los labios, que callan el sentido de la palabra en un beso, que habla historias y cuentos de fantasía, que lanzan hechizos que hablan por si solos, abriendo espacios en el cielo del alma.
El aliento, que descubre el gozo de la encantada, haciendo susurros al oído en turnos hechos por el tiento y haciendo aspavientos... Gimiendo en cada aliento, apresura la palabra y aprieta los labios rozando la piel del cuello, abriendo las puertas del cielo con premura y tiento... y cada vez más adentro.
Las manos, que rozan el pelo y abren el velo del tacto, que baila, recorre y se desliza por todo el cuerpo haciendo del aliento una canción que se introduce en el cuerpo, deslizando los labios por el cuerpo, callando las palabras... silencio.
El cuerpo, que en una espiral deja el pensamiento, sintiendo, abre las puertas del gozo haciendo de la lujuria en esbozo y mirando con los poros abiertos del placer, se enredan los pelos, se siente todo...
Y al final todo explota en un mar de placer hermoso, dejando los ojos fijos en una mirada que ha estado oculta por el gozo y que ahora se muestra plena y serena, las manos encuentran al cuerpo y acarician sus poros, los labios se unen de nuevo en uno sólo y todo se duerme en brazos de un sueño precioso que es solo eso un sueño y no un polvo.
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